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Los “Para Qué” de la gestión de comunicación corporativa

30
Jul 2015

¡Cuidado!  No renunciar es muchas veces un error. ¿Cuándo contemplar la renuncia como opción? ¿Qué puedo considerar para asegurar mi propósito?

En la búsqueda de objetivos y logro de metas, un alto grado de optimismo podría llevarnos a ser infelices. El optimismo se puede entender como la tendencia a ver las cosas en su aspecto más positivo y favorable y, como tal,  ¡siempre es bienvenido! excepto cuando es ingenuo y ciego.

Cuando es así, el optimismo ciego nos puede  llevar, en primer lugar, a desconocer qué es en realidad lo que significa ser o lograr lo que se quiere. En segundo lugar, a no evaluar cuál es la relevancia de eso que decimos buscar, frente a otros proyectos de vida y, en tercer lugar, o a no considerar los riesgos y barreras asociados a un objetivo o a no dimensionar apropiadamente los recursos que se han de necesitar para alcanzarlo, es decir, a no planear bien.

¿Acaso lo que se busca siempre es lo apropiado? No necesariamente. Muchas veces nos decidimos, y hasta obstinamos, por alcanzar algo de lo que ni siquiera estamos seguros de entender a profundidad. Un ejemplo podría ser el siguiente. Hay quienes ambicionan ser “gerentes”. Sin embargo, dicha ambición, en no pocas ocasiones puede estar basada en lo que se cree que es ser gerente, fruto de ver lo “evidente” del rol, sin entender lo que implica.

Recuerdo que unos de mis jefes, el gerente general de Boehringer Ingelheim durante el primer quinquenio del actual milenio, me dijo lo siguiente en una de nuestras conversaciones: “Sr. Aljure, después de varios años de vida profesional he sido gerente de la compañía en Dinamarca y en Colombia, luego de haberme desempeñado en diferentes roles y de haber recibido entrenamiento y vivido experiencias en diferentes países del grupo. Entre otros privilegios, dispongo de casa y automóvil por parte de la compañía (era extranjero en Colombia), estoy asociado al Club el Nogal en Bogotá, me invitan a infinidad de eventos y, a pesar de ello, ¿Sabe qué? No tengo tiempo para disfrutarlos”

Por esta razón, si el trabajo o proyecto no está muy bien alineado con lo que nos gusta, queremos y se nos da bien, estaremos frente a una de dos situaciones: ser uno más del montón o renunciar.

En aquella ocasión, y reflexionando sobre lo que observaba y experimentaba en ese momento como Director de Comunicaciones de la compañía, comprendía que, entre otros posibles aspectos, ser gerente implicaba una serie de situaciones que en mi caso no eran las que deseaba en mi vida. En especial: la existencia de una agenda de la que no era “dueño”,  intensa, incierta y direccionada por las circunstancias y, a su vez, desgastantes  juegos de poder. Entendí que a pesar del ofrecimiento de la compañía y de lo que yo pensé en algún momento, realmente no me interesaba ser gerente (hablando de este contexto).

Ahora bien, dando por descontado que entendemos lo que implica la búsqueda y logro de un objetivo y, a su vez, que nos gusta, es entonces importante preguntarnos si estamos dispuestos a dar lo que se requiere en términos de tiempo, relaciones, intensidad, dinero, entre otros, para lograrlo. Porque cuando decidimos lograr algo, estamos al tiempo, decidiendo no lograr otras cosas. En otras palabras, ¿es favorable el costo de oportunidad?  El costo de oportunidad es un término planteado por Friedrich von Wieser, economista austriaco, y alude al costo de la inversión de los recursos disponibles, en una oportunidad económica, a costa de la mejor inversión alternativa disponible.

¿Cómo se puede entender este término en la vida cotidiana y no sólo en términos financieros? Veamos un ejemplo extraído de Wikipedia: las madres, al momento de decidir volver a trabajar, siempre sabrán cuanto está costando el dejar de ver a sus hijos y si están o no dispuestas a hacerlo por el dinero ofrecido en el trabajo. Por supuesto, este ejemplo como cualquier otro depende de cada persona, sus circunstancias, sus valores, sus necesidades y sus preferencias.

Por otra parte, si entendemos el reto que conlleva el objetivo, nos gusta y además estamos dispuestos a pagar el costo de oportunidad que implique, podría suceder que no hiciéramos una buena planeación y, por ello, se hiciera inviable alcanzarlo llevándonos así a renunciar. ¿Cuáles pueden ser las circunstancias o aspectos que hagan inviable un objetivo? Que no se precise apropiadamente el tiempo requerido para lograrlo y que éste no coincida con el tiempo del que disponemos, que no se delimite bien el alcance sobrepasando así nuestra capacidad y que, en general, no se dimensionen correctamente los recursos que se requieren para lograrlo.

Con base en lo anterior, ¿cuándo es apropiado optar por la renuncia? Cuando estando en el camino, el renunciar sea la puerta para crecer. Cuando:

  • Descubrimos o entendemos que lo que buscamos no es lo que queremos.
  • Trabajamos y trabajamos y no logramos nada.
  • Identificamos que el costo de oportunidad es alto. Cuando teniendo potencial/capacidad de triunfar en otros frentes, nos conformamos con la comodidad que ofrece ser uno más del promedio en lugar de dar el salto para mejorar, aboliendo formas a las que estamos habituados.
  • Los recursos de los que dispongo o pueda disponer, de todo tipo, no son suficientes o implican un desgaste o una inversión que no quiero hacer.
  • Mis principios fundamentales son violentados.

Pero ¡Cuidado! Mejor aún es que, antes de iniciar a recorrer un determinado camino (Proyecto, objetivo, meta…) y sin dejar de lado un sano optimismo, consideremos y entendamos los puntos anteriores. ¿Para qué?  “Para renunciar antes de empezar” cuando los proyectos y las causas no son los apropiados.

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